Bokoto y todo el sushi que te puedas imaginar

Llevábamos intentando cenar en Bokoto (C/Jerónimo Zurita, 19) como siete meses. Y no porque haya mucha lista de espera, a lo DiverXO, sino porque siempre me ofrecía yo a reservar. Y luego se me olvidaba, iba el último día y ya no había sitio. Pues al final conseguimos ir. ¿Por qué? Porque no me encargaba yo de la reserva.

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Tanta espera y comentarios de gente me había generado muchas expectativas y tenía casi tantas ganas de ir como a un concierto de Bruce Springsteen -vale, no, que me vengo arriba y me paso tres pueblos, tanto no. El caso es que yo me lo imaginaba como un sitio super tranquilo, relajante y zen en el que te servían un sushi muy delicado y un tataki de atún un poco escaso.

En la realidad Bokoto es un sitio mucho más normal. Un restaurante donde, como en todos los restaurantes, se habla, se ríe, se lo pasa uno bien y hay ambiente de viernes noche. Eso sí, con diferentes ambientes: la zona chill out a medio camino entre dentro y fuera, un pasillo por el que corre el aire y es la mar de majico; la bancada a la izquierda en la que se lleva ese rollo de cenar muy pegados unos con otros que también tiene su encanto; las mesas para dos, tres, cuatro, seis…; y los reservados para grupos, donde todos queremos estar porque eso de los reservados tiene siempre un morbo que no veas. Te sientes el más VIP del lugar.

Nosotras cenamos en una mesa con poca luz que acogía mucho muchismo. Y nos dispusimos a ver la carta. Y menudo montón de tipos distintos de sushi, madre mía. Nigiris (el pegote de arroz con salmón, atún u otro pescado por encima tumbado), rolls tradicionales, rolls tempurizados, rolls especiales, hosomaki… y dentro de todas estas categorías muchos más, claro.

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Nos decidimos a que vamos a pedir solo sushi, nos dejamos de ensaladas, yaki soba, tataki… A lo que vamos. Pero tampoco eso era tan fácil. ¿Será mucho, será poco? Menos mal que a las dos nos encantan dos cosas: el salmón y el mango, así que tiramos por ahí: Unagi Tskune (niguiri de anguila, foie y mango con salsa kabayaki, 2 unidades 6,00 euros) y Soho Salmón (roll especial de anguila, langostino tempura, aguacate y masaga, cubierto de salmón flameado, 8 unidades 13,90 euros).

A mí me llamaba mucho la atención eso del roll tempurizado porque no lo había probado nunca. Así que me puse un poco pesada y pedimos el Uro (roll tempurizado sin arroz, con surimi, pepino, pescados, queso crema y cebollino con salsa de anguila, 8 unidades 11,70 euros).

El primero, muy sabroso y suave; el segundo, refrescante y fuerte con la gamba y el salmón; el tercero, cremoso con el queso y la salsa y crujiente con la tempura. Pero parece que nos quedamos con ganas de más. Y es que siempre hay que dejar hueco para el postre, pues vamos con un mix de sushi dulce: el Sushi Roll Moriawase Mix (6 unidades 6,95 euros), que incluía un roll de chocolate blanco, otro de fresa con té verde, plátano y mango, pistachos y frambuesa, avellanas con yuzu, naranja y chocolate). Menudos bocaditos ricos. Y encima acompañados por chocolate líquido. Una maravilla.

¿El resultado? Un sitio acogedor, amigable y variado, con un precio adecuado porque aunque había oído que era algo caro, anda que no he probado sushi mucho peor que al final acaba costando parecido y encima está servido en una bandeja de plástico. Propuestas diferentes que sorprenden y crean una experiencia de sabores que aún no conocía en el sushi.

Ya sabéis, merece la pena, pero eso sí: acordaos de reservar. De lo de mis problemas con los palillos ya hablaremos otro día…

 

 

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