¡Pardiez! En el cementerio de Torrero yace Don Juan Tenorio

Instrumentos de viento, piano, velas y focos. Suenan de fondo las campanadas de una iglesia llamando a oración. En el escenario, una mesa y una flor roja. Y velas, estas todavía apagadas. Una puesta en escena austera bajo la cruz de los caídos del cementerio de Torrero, monumento que hasta 1990 estaba en la Plaza del Pilar. Los asientos han sido rápidamente ocupados, sospecho que sobre todo por familiares y amigos de los alumnos de segundo de la Escuela Municipal de Teatro, que son los actores y actrices de esta lectura dramatizada de Don Juan Tenorio en la víspera de Todos los Santos.

La gente sigue llegando y no les importa ni el frío, ni quedarse de pie. Esta representación se ha convertido en una cita obligada desde hace siete años, que además despierta la expectativa de cómo será esta vez, puesto que cada año la Escuela de Teatro va más allá y nos sorprende con una nueva interpretación.

Paco Formento, profesor de interpretación de la Escuela Municipal de Teatro, es quien ha dirigido la lectura dramatizada en esta ocasión, para la que se han dedicado siete días. Parece poco tiempo para un resultado tan acertado.

Esther Albala, Natalia Artajona, Lucie Beuken, Daniel Cascares, Clara Gallego, Adriana García, Álvaro Gelabert, Cynthia Gómez, Isabel Hebrero, Pablo Lombardo, Jara Martínez, Mara Molin, Alberto Santos, Cristina Seral, Sandra Remacal, Rubén Remacha y Presen Vicen son los actores y actrices que se pondrán en las pieles de Don Juan, Don Luis, Doña Inés, Brígida, Don Gonzalo… Y además de una forma intermitente, puesto que, como dice Paco Formento, se trata de un aprendizaje.

“¡Viva el carnaval!”, se oye al comenzar el primer acto, en el que aparece un Don Juan con capa verde (este será su símbolo) repasando sus hazañas en la hostería del Laurel de Buttarelli, en Sevilla. La ciudad está impaciente porque ya hace un año de la apuesta entre Don Juan y Don Luis sobre quién de los dos se batía en más duelos y quién seducía a más doncellas a lo largo de doce meses.

Como veis, hay mucho de lectura, pero también hay mucho de representación sin textos. Se notan el trabajo y el empeño detrás de unos versos recitados con gracia. Los rivales, vigilados desde lo alto por Don Gonzalo -el padre de Doña Inés- y Don Diego -padre del propio Don Juan- enumeran sus logros: en cuanto a los muertos en batalla, Don Luis suma 23 mientras que Don Juan, 32; el primero ha seducido a nada más y nada menos que 56 mujeres, pero Don Juan supera la cifra con 72.

Está claro el vencedor, sin embargo, Don Luis lo vuelve a desafiar recordándole que le falta “una novicia que esté para profesar”. Don Juan responde que no solo lo conseguirá en seis días, sino que además le quitará a su prometida, Doña Ana de Pantoja.

Don Juan: ¡Bah! pues yo os complaceré doblemente, porque os digo que a la novicia uniré la dama de algún amigo que para casarse esté.
Don Luis: ¡Pardiez que sois atrevido!
Don Juan: Yo os lo apuesto si queréis.
Don Luis: Digo que acepto el partido. ¿Para darlo por perdido queréis veinte días?
Don Juan: Seis.
Don Luis: ¡Por Dios que sois hombre extraño! ¿Cuántos días empleáis en cada mujer que amáis?
Don Juan: Partid los días del año entre las que ahí encontráis. Uno para enamorarlas, otro para conseguirlas, otro para abandonarlas, dos para sustituirlas, y una hora para olvidarlas.

Este Don Juan es el típico macarra que se lleva a todas de calle por guapo y galán, pero que no busca el amor. Un inmaduro, un canalla que desprecia a las mujeres y que las utiliza para salvaguardar su honor y su hombría. Por eso hasta su padre se avergüenza de él y Don Gonzalo, que guardaba a su hija Doña Inés en un convento para el futuro matrimonio convenido con este rufián, retira el acuerdo. ¿Quién querría a un tipo así para su hija?

Y con los contrincantes presos como consecuencia de sus despropósitos se termina la escena.

Pero ambos consiguieron zafarse de las rejas y Don Juan, dispuesto a conquistar a Doña Ana, se cuela en su casa. La pícara Brígida, sirvienta de Doña Inés y cómplice de Don Juan, ya le ha conseguido la llave de la habitación en la que la joven aguarda enclaustrada.

Entre actos suenan unas delicioas piezas de cuerda y piano en directo, cuyos intérpretes son Noelia García (violín), Cecilia Grillo (viola), José Marco (violonchelo) y Jesús Ortiz (piano). También es muy destacable el papel de ese narrador saltimbanqui satírico y chulesco, con poses infantiles y un lenguaje cómico, que nos introduce las escenas desde lo alto del escenario con un salero que hace reír a todo el público.

En el convento, Brígida predispone a Doña Inés con ayuda de una carta de Don Juan, que ambas leen mientras expresan la carga erótica de la relación. Y tanto es así que cuando llega el caballero a buscarla, la joven se desmaya de amor, así que inconsciente se la lleva Don Juan a su casa.

Las monjas no saben qué ha pasado cuando llega Don Gonzalo de Ulloa al convento para prevenirlas sobre las intenciones de Don Juan, un poco tarde: “Perdonad, madre abadesa, que en esta hora os moleste”. Entonces descubre la carta y el Comendador, muy preocupado por su honor, se apresura. Desde las alturas, el cómico nos avisa de que Don Gonzalo va a dar caza a Don Juan. 

En casa de este último, Ciutti se preocupa ante el retraso de su señor, que dijo que llegaría antes de las doce campanadas. Despierta Doña Inés, desorientada en casa de su amado, pero Brígida le miente y tranquiliza contándole que Don Juan la ha rescatado de un incendio en el convento. Llega Don Juan y la calma con sus palabras de amor:

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¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor, que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor?

Esta aura que vaga llena de los sencillos olores de las campesinas flores que brota esa orilla amena; esa agua limpia y serena que atraviesa sin temor la barca del pescador que espera cantando al día, ¿no es cierto, paloma mía, que están respirando amor?

La tensión sexual no resuelta que se respira acaba trayendo el beso: “No, Don Juan, en poder mío resistirte no está ya”, dice Doña Inés. Estamos ante un amor enfermizo, tan entregado que duele, por lo que dice Inés: “Arráncame el corazón o ámame porque te adoro”. Y se lo arrancó. Unidos por su amor, están dispuestos a todo.

Pero nadie se lo pondrá fácil: en ese momento llega Don Luis, que quiere matar a don Juan y casi al mismo tiempo, también lo hace Don Gonzalo, con gente armada. Don Juan se humilla ante Don Gonzalo suplicando que le conceda a su hija, pero este se niega. Don Luis trata de aliarse con el comendador para matar a Don Juan, pero finalmente es nuestro protagonista quien les da muerte a ambos: de un balazo a Don Gonzalo y de una estocada a Don Luis. A Don Juan no le queda más remedio que huir hacia Italia.

Cinco años después, Don Juan regresa a Sevilla y en lugar del Palacio de los Tenorio se encuentra un cementerio que su padre mandó construir allí para honrar la muerte de quienes cayeron en manos del inmaduro Don Juan. Cuál es la sorpresa del hijo pródigo cuando descubre que también se haya entre las tumbas la estatua de su amada Doña Inés, que había muerto de pena al comprender que don Juan y ella jamás podrán estar juntos a pesar de amarse profundamente, y que antepone su propia vida, apostando por un amor que le desgarró las entrañas. Es el fantasma de la desdichada el que se lo hace saber.

Pero no es el fantasma de Doña Inés el único que verá Don Juan. Mientras está cenando con Centellas y Avellaneda para celebrar el reencuentro con los dos viejos amigos -beben vino de Cariñena, además-, aparece el espíritu de Don Gonzalo, que le avisa de que su muerte está muy cerca. Don Juan, incrédulo ante lo sucedido, piensa que se trata de una farsa orquestada por sus amigos, y se bate en duelo con ellos.

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Llega la escena final: Don Juan ha caído en el duelo y vislumbra su entierro mientras el espíritu del Comendador trata de conducir al malhechor al infierno. Es entonces cuando Don Juan reflexiona sobre sus pecados cometidos y se arrepiente en un último acto de contricción.

Doña Inés intercede por Don Juan, se enfrenta a su Dios y le convence de algo casi imposible: el corazón de los hombres es bueno. Así logra que ambos suban al Cielo entre una apoteosis de ángeles y cantos celestiales. Ahora sí podrán estar juntos.

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Si hasta aquí la representación había sido mucho más impresionante de lo que nos esperábamos, la reflexión final del director terminó de enamorarme:

En nuestros días yo quisiera ser Doña Inés, creer como ella cree y salvar a muchos hombres de los que me avergüenzo por ser hombre. Una lección de bondad, altruismo y realidad que nos estalla en la cara cuando leemos un periódico.

Nuestro homenaje y respeto a todas las mujeres que como Doña Inés un día creyeron en un falso Don Juan y que dijeron “arráncame el corazón o ámame porque te adoro”. Y se lo arrancó.

Rosas y claveles repartidas por los brillantes actores al público emocionado por ese mensaje de rechazo a la violencia de género que nos azota cada día. Cuántos donjuanes descarados y canallas que no queremos en nuestra sociedad andan sueltos por ahí, lamentablemente. Una lacra que en la víspera de Todos los Santos fue combatida con flores y cultura, por parte de unos artistas que saben lo que realmente da miedo.

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