La mirada de 9 artistas detiene el tiempo en la Lonja

“Los días pasan inexorablemente”. Esta frase con esa palabra tan rara y a mi parecer, fea, resuena en mi cabeza muchísimo últimamente, no sé por qué, pero tanto para bien como para mal. Cuando quieres que llegue un día, llega. Cuando no quieres, también. Eso me hace darle muchas vueltas al concepto del tiempo, tan breve y tan largo a la vez. A veces trabajar media hora se me hace eterno y otras veces no me entero. Y me causa un poco de desasosiego no poder controlar esas sensaciones, ni poder controlar el tiempo en muchas ocasiones. 

Algo parecido a estas vueltas que le doy yo han hecho 9 artistas, 6 de ellos aragoneses, en la exposición “La mirada rompe el tiempo” de la Lonja. Vaya por delante -también es una frase que me gusta mucho últimamente, desde la chirigota de El Selu– que es una exposición gratuita que estará abierta hasta el 12 de marzo, en la mejor sala de exposiciones de Zaragoza: la Lonja, inspiradora como ella sola. 

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Se trata de un batiburrillo de técnicas, obras y sensaciones que los autores han creado para reflexionar y representar el tiempo desde alguna de sus muchas perspectivas (tanto del tiempo, como de los artistas). La sensación que te puede quedar al final es esa, la de batiburrillo, pero si lo piensas, el tema que los une es tan amplio que es normal que los artistas se vayan por derroteros muy distintos. 

La mirada del artista tiene la capacidad de detener el tiempo, de reflexionar a través de su narrativa visual para mostrar la contemporaneidad. El tiempo tomado más allá de su función documental o de registro, sino como un flujo detenido por la mirada del artista, para poner en evidencia la falta de ética moral, la manipulación, la permanencia del pasado, del recuerdo, la fragilidad, la invisibilidad del espacio emocional. La obra del arte pertenece al presente, su visión también y la permanencia la posee quien la observa.

Es lo que nos cuentan nada más entrar sobre la exposición. Y acto seguido nos encontramos con la obra de Víctor Solanas. A mí este chico me gusta mucho por las vueltas que le da a sus proyectos y la precisión con la que trabaja, pero es cierto que en esta ocasión me dijo poco. Su aportación consistía en una serie de fotografías tomadas desde la carretera, fundamentalmente de quitamiedos, desde su perspectiva en movimiento. Una reflexión sobre el cambio permanente y la instantaneidad desde el punto de vista de la localización geográfica.

Mucho más me atrajo la obra de David Latorre en en sus “Escenarios de conducta”, una reflexión sobre distintos tipos de escenarios abandonados, castigados por el olvido. ¿Qué pasa en ellos? Nada, o algo, pero ahí están, solos. Especialmente cautivada me tuvo con esas fotografías de la cárcel vacía, un lugar que ya de por sí es frío que transmite una gran sensación de abandono, y que contiene tanto cuando está habitado.

Nacho Arantegui nos habla de la relación del hombre con la naturaleza a través del land art y sus performances. Es el responsable de ese árbol cuyas raíces se van haciendo de aluminio y que tanto impone por la invasión de una naturaleza que, aparentemente, es fuerte y sólida.

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Fotografías y vídeos que provocan sensaciones muy diversas e incluso que en un primer momento podemos rechazar son obra de Peyrotau y Sediles. Imágenes realizadas bajo una técnica cuidada que lanzan un torrente de provocadoras y turbadoras emociones. “Desentierran sentimientos para arañar conciencias”.

Esther Señor y Carmen Cifrián reflexionan sobre el olvido y la permanencia a través de la naturaleza botánica, que estuvo viva y ya no; que en su momento tuvieron un papel y ahora no, o sí, como es el de estos objetos expositivos que hoy nos crean pensamientos.

Preciosas las instantáneas de Mapi Rivera en “Amniosis” que, a través del desnudo femenino, nos habla de libertad, pureza, instantes… Y finalmente, Julia Puyo nos trae a la realidad sociopolítica de nuestro tiempo con su obra “Estado de bienestar”, en la que representa sus pilares con las palabras proyectadas “trabajo”, “sanidad”, “pensiones” y “educación”.

Al salir, la sensación agridulce de tomar consciencia del permanente cambio en el que vivimos puede dejarte un poco cabizbajo, pero merece la pena. Es lo que tienen las representaciones de conceptos tan fuertes y que todos compartimos. El tiempo no nos deja respirar y a veces tiene connotaciones negativas como el abandono, la soledad o el olvido. Pero otras veces tiene cosas tan positivas como la libertad, las pasiones y el estar viviendo la vida. Y eso es lo que pensé cuando salí de la Lonja y volví a formar parte de ello, de la vida, en un instante tan enriquecedor como puede llegar a ser un sábado por la mañana con un sol radiante y en buena compañía. De esos y otros instantes está hecha la vida y hay que vivirla, porque no espera a nadie. 

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